El Chalequero, primer asesino serial mexicano
Durante los años 1880, Francisco Guerrero (otras versiones lo llaman Antonio Prida), mejor conocido como “el chalequero”, debido a su peculiar vestimenta de pantalones estrechos, fajas multicolores y chalecos con agujetas o sus chaquetas charras; cometió más de 20 crímenes violentos contra mujeres que trabajaban como prostitutas en las calles de la ciudad de México. El modus operandi de Guerrero era sencillo, abordaba a las mujeres y les proponía sin más rodeos un encuentro sexual, posteriormente, dependiendo de la disposición de cada víctima para satisfacer los deseos del homicida, Guerrero las violaba, apuñalaba y degollaba tirando sus restos en los alrededores de Río Consulado. A diferencia de otros criminales históricos, El Chalequero nunca trató de ocultar su verdadera identidad.
El 13 de junio de 1888, tras varios años de burlar a la justicia y mientras en Londres Jack el destripador conmocionaba al mundo; Francisco Guerrero fue finalmente arrestado y condenado a muerte en México, sin embargo el Presidente Díaz cambió la sentencia a sólo 20 años en la prisión de San Juan de Ulúa quedando en libertad en 1904.
Fue nuevamente arrestado el 13 de junio 1908, exactamente 20 años después de la primera aprensión, por el asesinato y decapitación de una anciana, características típicas en los crímenes de “El Chalequero”, fue sentenciado a muerte en septiembre de ese año pero falleció en 1910 mientras esperaba su ejecución.
El estrangulador de Tacuba: allá por los años 20, “Goyo" Cárdenas ocupó los titulares. La historia: Gregorio tuvo una novia que desapareció, la policía encontró a la chica de 17 años en casa del mentado estrangulador, en la calle Mar del Norte, en Tacuba. Se dice que en ese mismo patio encontraron 4 cráneos de mujeres. Él declaró que las ahorcó: “porque me abandonaron”. Estuvo 40 años en Lecumberri, se volvió abogado y murió en 1999. José Estrada llevó esta historia al cine: El profeta Mimí.
Las Poquianchis: eran tres prostitutas oriundas de Guanajuato. Allá por 1950 se descubrieron 91 cuerpos enterrados en el rancho de Delfina, Eva y María de Jesús González, donde estaba uno de los burdeles que regenteaban. Así de buenas a primeras -cuando ya no les servían para sus fines- las mataban, con todo y retoños. También hubo película, la dirigió Felipe Cazals.
El Padrino de Matamoros:
Adolfo de Jesús Constanzo y Sara Aldrete, mejor conocidos como los narcosatánicos, aparecieron en escena en los 80. Se trataba de todo un grupo que pertenecía al culto Palo Mayombe, le hacían a la magia, vendían drogas y asesinaban gente para sus rituales.
Se han registrado algunos casos de canibalismo en México; en diciembre de 2004, por ejemplo, el asesino Gumaro de Dios Arias, al que se le conoció entonces como “el caníbal del Caribe”, admitió haberse comido unos dos kilos y medio de la carne de su amante cuando las autoridades lo aprehendieron.
El caso de Calva, llamado el “Caníbal de la Guerrero” quien se dice admirador de Lecter, hoy es el tema que se ha apoderado de las páginas de los diarios y ha provocado un gran impacto en nuestra sociedad, que se encuentras renuente a aceptar que se den casos así.
Por ello se presta la siguiente reflexión, sin afán de amarillismos o ataques de pánico: acaso este tipo de historias nos están rebasando, o mejor aún ¿en qué tipo de sociedad se desarrollan seres humanos así?… ¿son casos aislados como reportada la justicia mexicana?… porque es deprimente escuchar comentarios de pasillo que versan sobre la posibilidad de que estemos sentados al lado de un asesino en serie o bien que un ‘ser’ así sea cualquier persona que se cruza por la calle con nosotros y que tal vez nos esboza la mejor de las sonrisas.
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